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miércoles, 5 de octubre de 2011

Tribus urbanas. ¿Personalidad o ingenuidad?

En contraposición a lo políticamente correcto, cierto día de cierto año -no muy lejano-, nacieron las hoy llamadas tribus urbanas, como un modo de acabar con las barreras que durante tanto tiempo han retenido las personalidades de cada una de esas personas que sienten la enorme necesidad de expresar, con el orgullo bien alto, sus claras diferencias respecto a la mayor parte del mundo…

Pero, y esas diferencias, ¿son realmente intelectuales… o son la mera excusa de una fachada con la que pedir a gritos una llamada de atención social?
¿Son esas “tribus” una realidad personal o una rebeldía adolescente? ¿Existe algún tipo de “necesidad de pertenencia a un grupo” detrás de tanta ideología? …

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Hipsters, Emos, Pokeros, Pijos, Frikis, Góticos, Hippies, Skas, Moderns… decenas de acepciones para designar lo que muchos acaban resumiendo en una: “raros”. En mi opinión es sencillo caer en esa conclusión; las personas tendemos a repeler o considerar incorrecto aquello que desconocemos o malinterpretamos. Tanto es así que personalmente me cabrea caer en ese error. Pero siento deciros a todos que os equivocáis enormemente al llamarles raros… hoy en día, ser “una tribu”, es como ser propaganda de una determinada estética social, y serlo está hoy en día tan expandido que al final ser uno mismo es lo verdaderamente extraño…

Me voy a permitir el lujo de interpretar que los adolescentes sufrimos una enorme dependencia de gente con la que identificarnos. Pero, evidentemente, nunca vale cualquier gente… es importante compartir con ella no solo gustos, sino también ideas, modos de vida e indudablemente cariño. Esta ha sido siempre la norma básica para diferenciar la compatibilidad con las personas pero, ¿son entonces necesarios los “estilos?

Cuando una persona dice: “Soy yo mismo…”, que yo sepa nunca fue válido acompañar la frase con… “…por eso pertenezco a una tribu urbana”. Existe por tanto, una enorme confusión entre lo que simboliza una vestimenta, música y gustos determinados con la realidad interna de una persona, lo cual, evidentemente, lleva también a la confusión de las falsas apariencias. Porque ser emo no te convierte en un suicida, ni ser pijo en un niño consentido, ni ser modern en una puta… son solo algunos ejemplos de las horribles etiquetas que crea el hecho de encerrarse en una apariencia, la cual, además, no aportará más que una felicidad temporal. Solo hasta el momento en que nazca una nueva “tribu” que infravalore la anterior.

Volvemos sin darnos ni cuenta a ceder ante la publicidad, en este caso humana. Es muy triste pensar que estamos tan condicionados por los grupos musicales, la política y lo la sociedad dictamina, que llegamos al punto de disfrazarnos de grupos sociales con unas libertades que nos gustaría tener, y no tenemos, por parecer que nada va con nosotros… Demostrando con más evidencia que nunca, la vulnerabilidad adolescente.

Seamos sinceros… es una enorme contradicción formar parte de una tribu urbana por defender una personalidad, cuando realmente el mero hecho de adaptarse a un conjunto de ideologías y físicos determinados, por diferentes que sean, ya suponen un abandono a la personalidad propia.

Tribus… tan respetadas como malinterpretadas… Lo que sí es seguro es que las personas somos diferentes, y por mucho que intentemos que no sea así, es algo innato. Ya podemos crear tribus, sociedades y ajustarnos a cualquier costumbrismo, que siempre habrá alguien que no se sienta identificado con ello. ¿Es entonces tan difícil aceptar que somos humanos con miles de características diferentes? ¿Cuál es la poderosa fuerza que nos impulsa a vendernos a un grupo social? …

 Quizá el simple hecho de pertenecer a un grupo de gente que te comprende, es suficiente para sobrevivir en un mundo obcecado en un comportamiento impuesto y ello explique ese por qué de la difusión de tribus sociales… entonces, si ni el mundo ni los grupos sociales consiguen identificarnos... ¿Cuál es la solución?...

Realmente no hay más que una:
 No dejes que ni el mundo, ni la sociedad… consigan atraparte.


Alvalpaper.

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sábado, 10 de septiembre de 2011

Aspiración es decisión, decisión es libertad.

La vida. Esa gran desconocida... llena de senderos, de indecisiones, de alegrías, de decepciones... un soñador podría decir que llena de magia. Magia definida a raíz de unos imprescindibles parámetros: Las aspiraciones. Pero... ¿y esas aspiraciones... de dónde nacen? ¿De nosotros? ...

Cuándo somos pequeños nos crían, nos sorprenden, vivimos protegidos y van naciendo sueños por cumplir. Personalmente definiría el momento de la madurez, como aquel en que esos sueños dejan de ser una utopía, para convertirse en aspiraciones, retos realizables, objetivos... metas...
El paso se da cuando en lugar de soñar con llegar a ser alguien, te encuentras en el camino para llegar a serlo, tú solo. 

Cuando somos jóvenes tenemos una especial tendencia a la admiración por otras personas, cercanas o del mundo del espectáculo, idealizamos caracteres y formas de vida que desearíamos hacer nuestros y vamos marcando el sentido en el que nos gustaría que nuestra vida estuviese orientada. Los límites de estos caminos son los que llamamos aspiraciones. Pero, afortunada o desgraciadamente, todo sendero tiene sus obstáculos, y uno de los más temidos es el de la presión. Relacionamos automáticamente este nombre con una sensación agobiante y desafortunada, pero digo que también puede no serlo, puesto que muchas veces no lo es:

Defino desde mi opinión;

Una aspiración desafortunada es la que te pueda crear un enemigo, o un “falso amigo”, esta suele recordar un bache que te impide llegar a ser lo que deseas.
-No merece la pena que te esfuerces, solo lo consigue gente de buen ver. Este tipo de crítica no es más que una lección mal dada, y por lo tanto, mal aprendida si se toma en cuenta. Puesto que es mayor obstáculo el que crea la propia frase, desmotivando al esfuerzo, que el que pretende recalcar.

Siendo uno fiel a sí mismo, a sus posibilidades y a sus sueños, nunca debe dejarse llevar por consejos desafortunados. Es seguro y evidente que el esfuerzo crea frutos, y que sin trabajo nadie consigue ninguna quimera. Y también es cierto que, cuando llega el fracaso, mejor es darse uno mismo el palo y aprender de él, que no intentarlo y no aprender nada.

Esta última, es una aspiración afortunada. Un consejo por bueno que sea, nunca va a asegurar el éxito. Puedes aspirar a un deseo muy difícil, y no lograrlo aun siendo fiel a ti, pero solo intentándolo ya has formado parte de él. De lo contrario lo mirarás desde la lejanía el resto de tu vida. ¿Merece entonces la pena arriesgarse a aquello que consideras tu sueño? Yo confío en que . Pero ¡ay! siempre queda la cara B de la moneda… y es que muchas veces, nuestras aspiraciones las confundimos con las que nos pretenden meter en la cabeza, como conciso ejemplo; nuestros padres.

Desde que nacemos, nuestros padres comienzan a labrar nuestro futuro a su antojo. Y llega un momento en el que necesitamos ser dueños de nuestras decisiones, pero seguimos siendo inocentes para confiar en ellas, de modo que damos por bueno lo que ellos desean para nosotros, y lo acatamos a veces sin ilusión… por poner un ejemplo absolutamente identificable; la elección de nuestra carrera o profesión. Yo quiero y aspiro a ser un buen periodista, no un publicista como le hubiese gustado ser a mi padre, ni un ingeniero como mi abuelo hubiera deseado…

A mi entender y confío que al de todos, cuando unos padres aconsejan lo hacen desde la visión de la felicidad futura de sus hijos. Pero no se dan cuenta de que, muchas veces, la felicidad futura viene antes marcada por la felicidad presente. Y esta solo puede lograrse de una forma; aspirando a lo que uno de verdad quiere, no a lo que sus padres querrían. Y no solo en el futuro profesional, sino también en la imposición de temas con los que podemos no estar de acuerdo; como unas creencias religiosas, una ideología política, una vestimenta o un tipo de pareja amorosa determinada.

Sencillas imposiciones no deseadas son las que al final crean la ruptura de nuestro futuro. Por ello es importante concienciarnos, no solo como padres, sino también como personas, que una vida feliz no va a ser nunca una vida manipulada. Puesto que esa, tan difícil de conseguir a veces, felicidad, no es mas que el resultado que una persona ha conseguido al transformar un sueño en una aspiración, y, una vez conseguido y sin dejar de ser fiel a sus deseos, se siente orgulloso de ello.


De modo, que aspira siempre a lo que más ansíes, para poder llegar algún día a ser esa persona por la que siempre luchaste.

Alvalpaper.



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viernes, 26 de agosto de 2011

Somos todos iguales... ¡Para qué! ¡Qué coñazo!



Desde pequeños, en el colegio, nos han enseñado siempre a todos una frase: “Todos somos iguales” Y hemos hecho de ella una coraza que usamos de protección cuando nos encontramos ante una situación que consideramos de “desigualdad” …
¿Pero acaso alguien se la ha creído alguna vez? ¿Nos hemos vuelto locos…? NO somos iguales.
Nunca lo hemos sido ni nunca lo seremos… Y ¡menos mal!
A pesar de tener todos claro que no es así, seguimos protegiéndonos bajo la maldita frase de las pelotas… Somos iguales. Vamos a dejarnos de tonterías… la igualdad no es lo que nos han querido transmitir que es.
A mí me ha pasado… a TODOS nos ha pasado que nos hemos frustrado y desmotivado por ser distintos a la gente que nos rodea… a nuestros amigos, e incluso a seres que clasificamos como nuestros ídolos. Defendiéndonos con la frase… “Todos somos iguales… Sí, ya, todos menos yo.”…. pues EXACTO.
Aquí viene la confusión de términos.. relacionamos “Diferente” con “raro” y “malo” cuando… ¡No es así! Hemos hecho que lo sea. Lo cual no es lo mismo. Y ¿por qué lo hacemos? Si a todos nos joroba la vida pensar en lo poco comunes que parecemos, por qué no intentamos ser como los demás… ¿Nadie se ha dado cuenta de por qué es imposible conseguirlo? Porque el ser humano es el único animal con la necesidad de distinguirse del resto de la manada. y digoNECESIDAD, no CAPACIDAD, porque es algo innato que nace con nosotros, no que decidamos.
Hay quien decide, y hay quien es… Yo soy delgado, lo SOY. Y yo soy estudiante, lo DECIDÍ. Y ante lo segundo puede haber variaciones, pero nunca ante lo primero. De esta frase creo que deberían partir los profesores y padres al enseñar a sus niños, y no con la sencilla frase de “Todos somos iguales”. No. Todos somos distintos en parte porque lo decidimos, y en parte porque así nacemos. Y de esa diferencia nace la igualdad de la que hablan.
Cuando una persona es muy diferente, cuando su personalidad no le permite ajustarse a lo común, es cuando nace la envidia, el odio, el insulto, el desprecio… Es algo que critico con todas mis fuerzas porque es algo que yo mismo he hecho alguna vez, todos hemos juzgado por las apariencias y a nadie nos gusta hacerlo. Más de una vez me he equivocado con los prejuicios, y muchas más se han equivocado juzgándome a mí, y a mis amigos, y a todo.
Pero en realidad no solo somos diferentes porque nazcamos o decidamos serlo, sino porque nos gusta… y ¡qué coño!, ¡nos divierte! Sería horrible que todos pensemos, vistamos y seamos iguales. Siendo así, no existiría la emoción al conocer a un alma gemela, o a una persona a la que amas. Ni admirarías, porque no habría nadie a quien admirar.
Por todo ello, yo sé que soy distinto, ¡y no soy el único! También mis amigos tienen algo diferente que a vista de los demás es un defecto, y a la mía se convierte en lo más interesante por descubrir de ellos. Soy especial, soy raro en el buen sentido… quizá el que más de mi entorno, porque soy el único que admite serlo. De modo que la normalidad se convierte al final en lo menos normal.
Así que me siento orgulloso de decir lo siguiente:
Soy Álvaro, tengo el pelo moreno, los ojos verdosos, mido 171 centímetros y peso nada más que 55 kilos, no tengo un cuerpazo y me arrancaría la naríz. Pero adoro mi físico, mi vida, mi gente querida y mi personalidad, que aunque no siempre reluzca al máximo, sé que es mi mejor arma en la vida.
Y sí, puedes llamarme diferente.
Alvalpaper.


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